Por la dignidad y el respeto a las mujeres

La violencia que se ejerce contra las mujeres en todo el mundo es una de las lacras más terribles y dolorosas a las que nos enfrentamos. En sus múltiples formas, todas ellas ancestrales y hasta hace muy poco tiempo toleradas e incluso estimuladas, esta violencia golpea o quita la vida de millones de mujeres sin distinción de raza, fronteras, ideologías o clases. Sólo hay que ser una mujer para convertirse en potencial víctima de este crimen.

En la celebración del Día Internacional por la erradicación de la violencia contra las mujeres, tenemos que decirle al mundo, a los gobiernos, a las instituciones internacionales, a la ciudadanía, hombres y mujeres de todas partes de este planeta, que es insostenible que 1 de cada 3 mujeres haya sufrido violencia. Que es insoportable que más de mil millones de mujeres de todo el mundo sean golpeadas, humilladas y hasta asesinadas simplemente por el hecho de ser mujeres.

Tenemos que alzar la voz, salir a las calles estemos donde estemos, para exigir que la lucha contra la violencia que se ejerce cada día contra las mujeres se convierta en una prioridad de la comunidad global, porque es el gran enemigo no sólo de las mujeres, sino de la humanidad, de la civilización, de la dignidad y de la democracia.

Campañas como #MeToo, #TimesUp o #NiUnaMenos ya han empezado a cambiar muchas cosas, a romper muchos prejuicios, y sobre todo a exponer al rechazo de la opinión pública mundial a miles de maltratadores y abusadores, no pocos de los cuales se han visto privados del prestigio público de que hasta ahora disfrutaban.

Con ello, no sólo han hecho avanzar de manera exponencial la lucha contra la violencia que se ejerce contra las mujeres, sino que han propiciado un auténtico vuelco de la opinión pública global, que se ha pronunciado clara y firmemente en contra de este crimen atroz tanto tiempo tolerado que no sólo destruye vidas, familias y el futuro de muchas mujeres, sino que es un cáncer que está corroyendo nuestras sociedades, nuestra convivencia. Y tenemos que atajarlo de una vez por todas.

Del mismo modo que tenemos que trabajar para defender a las mujeres que sufren en sus cuerpos y en sus almas la violencia sistemática que se ejerce sobre ellas en las zonas de conflicto.

En este 25 de noviembre de 2018 en el que vemos cómo las realidades y las mentalidades pueden cambiar tan rápidamente gracias al empeño de mujeres valientes y comprometidas, quiero recordar que las violaciones, abusos y maltratos que sufren las mujeres en las guerras, conflictos y migraciones se siguen produciendo día tras día. Y ello sin que seamos capaces de llenar de real contenido la agenda Mujer, paz y seguridad de Naciones Unidas. Sin que seamos capaces de hacer real una participación equitativa de las mujeres en las tareas de mantenimiento de la paz.

Miles de mujeres pueden ser salvadas de la indignidad de la violencia, pueden dejar de ser utilizadas como arma de guerra, si somos capaces de hacer posible que otras, mediadoras, militares, juristas, políticas, participen en los foros de negociación, en los contingentes de pacificación, en todos aquellos espacios donde se construye la paz, esa paz que tanto amamos y sabemos lograr y preservar las mujeres.

Por todo ello, en este Día Internacional por la erradicación de la violencia contra las mujeres, “Pinta el mundo de naranja: #EscúchameTambién” 

María Teresa Fernández de la Vega

 

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