Salud

“Interventions to improve women’s health that focus solely on public health issues miss the fundamental interconnectedness of health with other factors in society. Recognizing this interconnectedness is the starting point for the multisectoral rethinking of health care strategies that the Commission is calling for in the African Region”.

Addressing the Challenge of Women’s Health in Africa Report of the Commission on Women’s Health in the African Region WHO

Estrategia de Atención Primaria en Salud

En África subsahariana viven 821 millones de personas, y es la región con mayor carga de enfermedad de La Tierra.

La esperanza de vida media es de 53 años, solo dos años más que la esperanza de vida en 1990.

En 1977, la Asamblea Mundial de la Salud fijó el objetivo de lograr la salud para todos en el año 2000. Un año después, en la conferencia de Alma Ata (en Kazajistán, entonces todavía parte de la URSS) organizada por la ONU, se definió la salud como un derecho fundamental y se adoptó la “Estrategia de Atención Primaria en Salud”; con ella se consolidó el papel del estado como responsable del bienestar de sus ciudadanos y del establecimiento de los servicios de salud públicos para la satisfacción de las necesidades básicas. Así, en las últimas décadas la salud ha adquirido un peso fundamental en las agendas de desarrollo, siendo una de las principales preocupaciones actuales de la sociedad internacional. Ello se refleja en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que si bien todos guardan relación con la salud, tres de ellos tienen un objetivo sanitario directo:

  • Objetivo 4: Reducir la mortalidad infantil
  • Objetivo 5: Mejorar la salud materna
  • Objetivo 6: Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades

Los países africanos han participado en el desarrollo de esta agenda en materia de salud. La Organización para la Unidad Africana recogió en su Carta Africana de los Derechos del Hombre y de los Pueblos el derecho a la salud y el compromiso de los estados para garantizar el disfrute de dicho derecho. En 1990, en la cumbre de la organización se adoptó la Iniciativa de Bamako de 1987 dirigida a mejorar la gestión de los cuidados de salud primarios en el conjunto del África subsahariana, pero que también implantó el sistema de recubrimiento de costes con el que se limitaba el acceso a la sanidad a las poblaciones menos favorecidas. Esto, sumado a la crisis económica de los años ochenta y los consiguientes Planes de Ajuste Estructural adoptados por los estados africanos a instancias de las instituciones financieras internacionales, fomentaron la reducción del gasto público y frenaron el desarrollo de los sistemas de salud públicos.
 

El impacto del marco internacional en materia de salud en África subsahariana

ha tenido efectos dispares, y los retos en materia sanitaria a los que se enfrentan las poblaciones de África subsahariana actualmente tienen una clara dimensión histórica, también visible en la coexistencia en la subregión de diferentes sistemas de salud: la biomedicina, la medicina tradicional africana animista y la de tradición árabe-musulmana.

En África subsahariana, un determinado grupo de enfermedades copa la mayoría de las consultas sanitarias, principalmente enfermedades contagiosas como el VIH/SIDA, las infecciones respiratorias agudas y las enfermedades diarreicas, así como la malaria. Otras enfermedades como la tuberculosis van en aumento, si bien algunas también están retrocediendo, como la rubeola o la lepra.

La gravedad del panorama sanitario en África subsahariana no deriva sólo de las tasas de prevalencia, sino también de las secuelas que pueden generar, del hecho de que sean enfermedades evitables, así como del hecho de que algunas infecciones como el VIH/SIDA no tengan curación. El acceso a los tratamientos, en este caso antirretrovirales, es fundamental, dado que en torno al 68% de la población seropositiva a nivel mundial vive en África subsahariana (22,9 millones de personas), de las cuales el 59% son mujeres. En 2008 provocó 1,4 millones de muertes en la región, el 72% de las defunciones a nivel mundial. Como dato alentador, merece la pena destacar que la región se sitúa ligeramente por encima de la media mundial de acceso a tratamiento antirretroviral.

Enfermedades como la malaria o la tuberculosis también tienen un fuerte impacto en la región. La malaria provoca en África subsahariana el 90% del millón de muertes que se registra anualmente en el mundo, mientras que la tuberculosis registró en 2008 en el conjunto de la región 480 casos por cada 100.000 habitantes.

La tasa de crecimiento demográfico de la región es del 2,5%, lo que nos indica la urgencia de atajar estas enfermedades que condicionan el desarrollo humano, y por ende el desarrollo de las sociedades.

La salud materno-infantil es en este sentido fundamental, pues es un primer paso fundamental para lograr mejoras globales en la esperanza de vida. La mortalidad infantil está ligada en gran parte a problemas de malnutrición, junto con enfermedades como VIH/SIDA, infecciones respiratorias, diarreas, malaria, y sarampión. Por otra parte, en África subsahariana la tasa de mortalidad materna es de 900 por 100.000 nacidos vivos y deriva fundamentalmente de la falta de atención prenatal y de los partos sin atención sanitaria cualificada.

También la fístula obstétrica, que afecta a entre dos y tres millones de mujeres en el continente, es en la mayor parte de los casos resultado de una atención deficiente al parto. Suele producirse sobre todo en el primer alumbramiento de mujeres adolescentes cuando el parto se detiene u obstruye y no se recibe la atención médica o quirúrgica requerida. La fístula también se produce como resultado de violencia sexual.

La mutilación genital femenina se practica en las zonas occidental, oriental y nororiental de Africa. Según la OMS, en Africa hay 92 millones de niñas y mujeres mayores de 10 años que han sufrido mutilación genital, y hay una cifra estimada de 3 millones de niñas al año en riesgo de ser mutiladas. La MGF puede producir hemorragias, problemas urinarios, infecciones, quistes, infertilidad, complicaciones del parto y aumento del riesgo de muerte del recién nacido. Desde 1997 se han realizado grandes esfuerzos (particularmente la OMS, Unicef y el Fondo de Población de NNUU) que han llevado a la disminución de la práctica de la MGF y el aumento del número de mujeres y hombres que se declaran a favor de su eliminación.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio han logrado mejorar las tendencias regionales en materia sanitaria, si bien muchos de los objetivos fijados para 2015 no se cumplirán. Para ello será preciso aumentar el gasto público en salud, que en 2007 se situó en el 9,7%, y con ello el número de médicos, enfermeras y matronas, con una atención especial al medio rural.